Isaías 6:1 - 9
Isaías tiene esta tremenda visión en donde logra ver el gran trono de Gloria de Dios, al ver ese trono le inunda un gran temor, porque sabia que era un pecador, y vivía en medio de un pueblo pecador.
Lo curioso es que se asocia el pecado a las palabras, ya que el dijo soy un hombre de labios inmundos, y hábito en un pueblo de labios inmundos.
Al salir del trono del señor un ser angelical con unas tenazas con la cual había tomado una brasas del altar de Dios, este que toca al profeta los labios le dice que ahora su pecado a sido quitado y su maldad borrada.
Los labios son los que tienen la piel más sencibles de todo el cuerpo humano, a parte del área de los genitales. Cuando este carbón toco los labios del profeta inmediatamente le fue borrado la culpa.
Muchos de nosotros no hemos logrado entender lo espiritual que son las palabras que a diario salen de nuestra voca, y permitimos que salgan así como si nada.
Cada palabra sale para construir, o para destruir, para sanar o para enfermar, para libertar o para esclavizar.
Antes de soltar cada palabra deberíamos tener la conciencia clara de que es lo que soltaremos, chatarra o algo que vale la pena.
Isaías, fue el profeta que unos 750 años antes de Cristo, anunció su nacimiento, vida, muerte y resurrección después de la cruz.
Ningún otro profeta pronunció lo que isaías; HEME AQUI!!!! el al ver esa tremenda revelación y ver como fue perdonado por ello se ofreció para ser la voz de Dios aquí en la tierra.
Pongamos mayor atención a cada palabra que salga de nuestra boca, para nosotros y para los que esten a nuestro alrededor.
El estancamiento que tenemos en el avance de nuestra vidas por esta tierra, está muy ligado a la manera en que hablamos.
Pues con cada palabras nos atamos, o nos liberamos, nos bendecimos, o nos maldecimos, nos estancamos o nos impulsamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario