viernes, 15 de enero de 2021

Ahogado.

 2 Reyes 8:1 - 6

Una mujer que había sido muy solicita en obedecer a Eliceo el varón de Dios, en el momento en que este le había dado una orden para que se fuera de la tierra de Israel,  ya que abría de venir una gran hambre. 

Ella no cuestionó ni por un momento lo que Dios le estaba diciendo por medio de la boca de su siervo. Y siguió todo tal cual se le había indicado. Hasta con el tiempo de duración de dicha hambruna. 

Y precisamente, ella llega en el momento exacto donde el ayudante de Eliceo estaba narrando la historia del hijo de ella. El Rey le pidió que le contara lo sucedido.

Cuando el Rey escuchó todo de la boca de la protagonista, quedó tan sorprendido que dio la orden de que fuera devuelto todo lo que era de ella. Aún con lo producido en su ausencia. 

Muchas veces nos encontramos en situaciones y circunstancias,  en donde estamos ahogados por el miedo, la duda y la impaciencia,  y no acudimos a Dios,  sino a otras cosas.

Por ello en ves de encontrar la solución en Dios,  nos terminamos ahogando en la destrucción de nuestras vidas.

No importa que no le encontremos la razón y la lógica,  a lo que Dios nos está pidiendo hacer, obedecasmos aún sin entender y veremos los milagros más glorioso en nuestras vidas. 

Nos ahogamos,  por no acudir a Dios en fe,  y dejar que el haga lo que el sepa que será mejor. Pues le traemos nuestras situaciones y circunstancias y le queremos hasta decir como se deben hacer las cosas. 

Dios,  sabe lo que tiene y debe hacer en favor nuestro.  Y si le dejamos hacer las cosas a su manera, todo saldrá mejor.



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