El escritor Mark Guy Pearce cuenta que un día oyó a uno de sus hijos amonestar al otro diciéndole " tienes que ser bueno, sino nuestro padre no te amara".
Llamando al niño le dijo : " Hijo esto no es verdad"._ Pero tú no nos amarás si somos malos, ¿ no es cierto ? _ replicó el muchacho.
_ Si, yo os amaré tanto si sois buenos como si sois malos; pero habrá una diferencia en mi amor. Cuando sois buenos yo os amo con un amor que me hace feliz y cuando no sois buenos os amo con un amor que me produce pena.
¿ No es así también con el amor con que nuestro padre celestial ama a sus hijos? El ama al santo y al pecador, pero el amor hacia algunos le produce gozo y el que tiene a otros le produce dolor.
Si amamos verdaderamente a Dios trataremos de vivir no solamente de modo que podamos evitar su irá o ir al Cielo, sino que podamos alegrar el corazón que fue traspasado por nosotros.
SALMOS 116:1 - 10
El amor de Dios es incondicional para con el ser humano que viene a ser la corona de su creación, pues el lo ama este consagrado para el, o aunque le de la espalda.
Dios escucha el clamor de toda persona que se acerca a él, para presentarle sus necesidades, luchas, pruebas y circunstancias.
La humanidad ama bajo condiciones, pues si hay algún provecho que pueda sacar amará, pero si no hay nada provechoso que pueda sacar no amará.
Todo lo contrario de Dios, pues el ama a todo ser humano que anda caminando en esta tierra, aún si llegaran a darle la espalda.

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